A los 67 años, una viuda llamada Eleanor emprendió su primer viaje sola a Malta, decidida a abrazar la vida diciendo «sí» a cada nueva experiencia. Durante el viaje conoció a David, un hombre mayor y encantador por quien sintió una conexión inmediata. Su romance parecía una hermosa coincidencia del destino, hasta que Eleanor escuchó por casualidad a David hablando con su hija Clara en el patio de un restaurante. Para su sorpresa, descubrió que David la había reconocido de antemano y que todo su encuentro había sido cuidadosamente planeado.
David confesó que su difunta esposa había mantenido una aventura secreta de once años con el fallecido esposo de Eleanor, Michael. Después de encontrar un escondite con cartas, entre ellas una confesión que Michael nunca llegó a enviarle a Eleanor, David había viajado a Malta para buscar respuestas sobre el pasado. Profundamente destrozada por los años de infidelidad de su marido y furiosa con David por haberse acercado a ella bajo falsas apariencias, Eleanor tomó la carta y regresó a casa en avión, sintiendo que todos sus recuerdos del matrimonio y del viaje habían quedado manchados por la traición.

En casa, Eleanor comenzó a procesar su dolor, compartió la dolorosa verdad con su hija y empezó a reconstruir su vida mediante terapia y nuevos objetivos personales. Aunque se sentía profundamente traicionada por ambos hombres, poco a poco comprendió que todo lo que había aprendido y cambiado durante su estancia en Malta seguía siendo mérito suyo, y que David era la única otra persona que realmente entendía la complejidad de su dolor. Después de tres meses en silencio, Eleanor le envió una carta a David preguntándole si podían conocerse sin cargar con el peso del pasado de sus respectivos cónyuges.
David respondió con humildad, y ambos comenzaron a reconstruir su vínculo lentamente a través de meses de llamadas telefónicas y, más tarde, visitas en persona, durante las cuales David demostró sinceridad y respeto por los límites de Eleanor. Un año después, Eleanor regresó a Malta bajo sus propios términos. David la esperaba en el aeropuerto con un cartel juguetón, demostrando que estaba dispuesto a construir una relación auténtica basada en la transparencia y no en los secretos.

Cuando volvieron al mismo patio del restaurante del puerto donde la verdad había salido a la luz por primera vez, David le pidió a Eleanor que pasaran juntos los años que les quedaban, repartiendo su tiempo entre sus lugares de origen. Consciente de cuánto había sanado y crecido, Eleanor dijo que sí, no por el impulso ingenuo de aceptar todo, sino porque había tomado una decisión consciente y meditada: darse una segunda oportunidad en el amor, esta vez con los ojos completamente abiertos.