
Devastada por lo que parecía una doble traición, confronté a la madre de Daniel y comencé a revisar antiguos documentos de sus negocios. Fue entonces cuando descubrí que, en realidad, Daniel había culpado a su antiguo socio, Michael —el difunto esposo de Rebecca—, por su propio fracaso financiero, antes de que Michael muriera trágicamente en un accidente automovilístico después de su última discusión.
Impulsada por la necesidad de descubrir la verdad, localicé a Rebecca en su casa. Allí me reveló que los pagos mensuales secretos de Daniel y el fondo fiduciario que había dejado para Lily no eran consecuencia de una aventura amorosa, sino del enorme sentimiento de culpa que cargaba por haber destruido la reputación y la vida de Michael. Durante nuestra confrontación, Lily entró en la habitación —con el corazón de Ethan latiendo en su pecho— y explicó que, antes de morir, Ethan había descubierto toda la verdad sobre la culpa de Daniel y sobre el verdadero origen de Lily.

Ethan había escrito aquella carta engañosa deliberadamente para asegurarse de que yo encontrara a Rebecca, conociera a Lily y comprendiera por qué él había decidido donarle su corazón. Al ver que Lily seguía viviendo gracias al regalo de mi hijo, comprendí que Ethan había sabido mirar más allá de los dolorosos errores de mi difunto esposo. Me enseñó que el amor no consiste únicamente en aferrarse al duelo, sino también en elegir qué parte de nosotros seguirá viviendo después.