Sasha y su hija Amber visitaban con frecuencia la residencia familiar, que estaba bajo la administración de su suegra, Grace. Con el paso del tiempo, comenzaron a aparecer barreras físicas dentro de la casa destinadas exclusivamente a Sasha y Amber: manteles individuales de plástico colocados debajo de sus platos y gruesas láminas de plástico industrial envolviendo los muebles donde se sentaban. Durante una celebración familiar de cumpleaños en el comedor, dos sillas de madera en particular, reservadas para Sasha y Amber, estaban completamente cubiertas de arriba abajo con una gruesa película de plástico transparente, mientras que todas las demás sillas de la habitación permanecían al descubierto.

En respuesta a aquella situación, Liam dejó una botella de vino sin abrir sobre un aparador e hizo una sola llamada telefónica. Poco después, un hombre llamado Robert llegó a la propiedad. Llevaba consigo una carpeta de cuero con varios documentos en su interior. Liam retiró el plástico de las dos sillas y tiró todo el material a la basura de la cocina. Después, colocó sobre la mesa un sobre de papel cerrado que contenía documentos legales de adopción, preparados en coordinación con Caden, el padre biológico de Amber.
Robert abrió su carpeta y presentó los documentos oficiales del fideicomiso de la propiedad, establecido por los propietarios originales. Las cláusulas escritas en aquellos documentos definían quién podía ser considerado miembro de la familia en función del nacimiento, el matrimonio y la adopción legal. También especificaban el derecho de residencia condicional que se le había concedido a Grace, sin otorgarle la propiedad exclusiva y absoluta del inmueble. Además, las disposiciones sucesorias contemplaban la posibilidad de transferir a Amber futuros derechos como beneficiaria de la propiedad.

Tras aquel acontecimiento, el proceso legal de adopción continuó mediante la presentación formal de solicitudes ante el tribunal, consultas con abogados, declaraciones de consentimiento por escrito y autorizaciones judiciales. Finalmente, el procedimiento concluyó con la expedición de documentos de identidad actualizados en los que figuraba el apellido de Liam. Paralelamente, se pusieron en marcha nuevas medidas de planificación patrimonial para coordinar los futuros derechos de Amber sobre la propiedad con los de cualquier otro hijo que pudiera formar parte del hogar.
Cuando regresaron a la residencia varios meses después, todas las cubiertas de plástico habían desaparecido de las sillas del comedor. Los muebles de madera estaban completamente al descubierto y podían utilizarse con normalidad, acompañados únicamente de los posavasos habituales.