Tras la repentina muerte de Claire, James se encontró en un hogar aún impregnado de su presencia. Al buscar su testamento, descubrió una caja oculta que contenía un fallo de divorcio de hacía 21 años y el certificado de nacimiento de una hija llamada Lila, nacida antes de su matrimonio. James comprendió entonces que su antiguo accidente de coche y la pérdida de memoria posterior habían permitido a Claire ocultar una etapa rota de su vida —incluyendo una separación legal que ambos habían ignorado una vez que él regresó a casa y su rutina compartida se restableció.
Poco después, el abogado de Claire le entregó una última carta que completaba el rompecabezas. Claire explicaba que había dado en adopción a Lila cuando tenía veinte años, pero que, poco antes del accidente de James, se había reunido con ella en secreto. Abrumada por la culpa y consciente del delicado estado emocional de James, había presentado la demanda de divorcio, pero nunca llevó a cabo la separación emocional o física. Pasó el resto de su vida siendo, en todo lo que importaba, su esposa, y decidió proteger la “vida reconstruida” que compartían en lugar de destrozarla con la verdad sobre su pasado.

Finalmente, James contactó con Lila, una joven que vivía en Los Ángeles. Su primer encuentro fue revelador; reconoció en su postura y gestos los rasgos físicos de Claire. Sin embargo, la vida de Lila había sido muy diferente de la existencia estable que Claire había deseado para ella. Lila le confesó que había trabajado en la industria del cine erótico por necesidad de supervivencia, un testimonio que ofreció con honesta fatiga más que con disculpas.
Lejos de retroceder, James le ofreció su apoyo incondicional y le aseguró que permanecería en su vida, sin importar si un análisis de ADN confirmaba su paternidad biológica. La ayudó a mudarse a un lugar seguro e integrarla en la familia, presentándola finalmente a los otros hijos de James y Claire, Pete y Sandra. Esta “integración social” fue difícil al principio, pero un sentido del humor compartido y las semejanzas físicas terminaron por estrechar los lazos entre los hermanos.

Al final, James comprendió que su duelo había dejado espacio para una familia más grande y compleja. Claire, con sus secretos y su amor, los había “cosido” a todos de manera efectiva. Mientras James observaba a sus tres hijos interactuar en el porche, entendió que aunque Claire se había ido, su tenacidad y su intensidad silenciosa seguían vivas en ellos. La verdad no había destruido sus recuerdos de Claire; simplemente había revelado las profundas y desinteresadas maneras en que ella había luchado por mantener a su familia unida.