Janet recibió una notificación de la escuela sobre su nieto de trece años, Alan, quien llegaba con frecuencia tarde y se quedaba dormido durante las clases, mientras vigilaba celosamente su mochila escolar. Al regresar a casa, Janet registró la mochila que había quedado desatendida mientras Alan estaba en el baño y descubrió seis bolsas de tela llenas de llaves metálicas de puertas de entrada, además de un cuaderno escrito a mano en el que figuraban los turnos de la mañana, la ubicación de los cubos de basura, las rutinas para alimentar a las mascotas y los puntos de entrega de periódicos de varias casas del vecindario.

Al preguntarle por el contenido de su mochila, Alan explicó que antes de comenzar las clases solía visitar las propiedades cercanas de vecinos como la señora Alvarez, el señor Jenkins y la señorita Ruth. Mantenía una regla estricta de rechazar cualquier compensación económica por esos servicios, con la intención de distanciarse de ciertas afirmaciones que su madre había hecho en el pasado. Janet lo acompañó después durante sus recorridos matutinos y observó las tareas físicas que realizaba por el vecindario, antes de hablar con él sobre su cansancio durante los exámenes escolares y exigirle que devolviera de inmediato todos los objetos que le daban acceso a las propiedades.
Janet y Alan visitaron cada dirección de la ruta para que Alan pudiera devolver cada juego de llaves y comunicar su decisión de concentrarse en su horario escolar matutino. Los vecinos recibieron nuevamente sus llaves, mientras que la señora Alvarez decidió organizar visitas durante el fin de semana en lugar de continuar con las tareas de primera hora. Durante ese proceso, Janet también encontró entre sus papeles un formulario de autorización para una excursión escolar de 35 dólares que nunca había sido entregado y le indicó que, en adelante, llevara directamente a ella los documentos escolares habituales y los formularios de gastos en lugar de ocultarlos.
Alan cambió su rutina diaria, lo que se tradujo en llegadas puntuales a la escuela, la entrega de la autorización para la excursión y su participación en el viaje escolar programado. Sus obligaciones matutinas en el vecindario terminaron y fueron reemplazadas por visitas ocasionales los sábados a los vecinos, sin realizar trabajos físicos a primera hora. Un día lluvioso, Alan pidió que lo llevaran en coche hasta la escuela en lugar de recorrer a pie su trayecto habitual de cada mañana.

Janet preparó una caja de desayuno para llevar y condujo directamente con Alan hasta el recinto escolar. En casa, la mochila escolar permaneció cerrada y desatendida sobre una silla mientras ambos se marchaban juntos en el vehículo.