
Lily confesó que Penny había depositado en una cuenta de ahorros el dinero de las aportaciones forzosas de Carrie que no se habían gastado. Cuando Lily cumplió dieciocho años, su madre había puesto esa cuenta a su nombre. Al revisar los libros de contabilidad de su difunta madre, Carrie encontró anotaciones en las que Penny reconocía sin rodeos que había obtenido aquel dinero mediante coacción y sin el consentimiento de Carrie. También había notas en las que admitía saber perfectamente que Carrie tenía motivos de sobra para sentirse resentida.
Dentro del sobre sellado que había en la maleta, Carrie encontró una carta escrita a mano por su madre. En ella, Penny reconocía que había calificado injustamente a Carrie de egoísta y que le había quitado el dinero que tanto le costaba ganar bajo el pretexto de estar educándola. Expresaba su profundo arrepentimiento por haberla privado de sus propios ingresos y rogaba que el dinero restante no se convirtiera en motivo de distanciamiento entre las dos primas.

Entonces, Lily le ofreció devolverle íntegramente los 18.240 dólares, hasta el último centavo, porque quería que Carrie pudiera disfrutar por fin de una verdadera independencia económica y tomar sus propias decisiones sin tener que depender de nadie.
Después de aceptar el dinero de Lily, Carrie se matriculó en un programa de estudios nocturnos y presentó su candidatura para un prometedor puesto de trabajo en una nueva ciudad.