
Mindy intervino de inmediato y sacó tanto la factura hospitalaria pendiente como un cuaderno en el que había calculado el valor real de mercado del trabajo no remunerado que Ursula había realizado durante semanas, además del dinero que había gastado en comprar alimentos. Frente a los gastos domésticos documentados y a aquella detallada contrafactura, Max terminó cediendo, y Ursula pudo marcharse en taxi sin pagar la cantidad que le exigían.
Después de que Ursula se fuera, Mindy se enfrentó a su marido y le reprochó tanto su negativa a contribuir a los gastos del parto como su descarada exigencia económica a su propia madre. Durante la conversación que siguió, Mindy le mostró el registro completo de las finanzas del hogar. Finalmente, Max aceptó aportar 100 dólares mensuales para pagar la factura del hospital y ayudar por las noches con el cuidado de la bebé.

El fin de semana siguiente, Max acompañó a su esposa a visitar a Ursula y se disculpó personalmente con ella, reconociendo que había sido una desfachatez entregarle aquella factura.
Durante las semanas posteriores, Max cumplió rigurosamente con sus aportaciones económicas mensuales para saldar las facturas y colaboró en el cuidado de la niña siguiendo el nuevo plan de organización familiar.