Nicole documentó todos los daños y se los comunicó a su abogada, Claire, mientras su padre llegaba discretamente para presenciar las consecuencias. Durante la última audiencia judicial, Brian intentó alegar dificultades económicas para reducir sus obligaciones financieras derivadas del acuerdo, sin saber que el padre de Nicole conservaba un mensaje de voz de 47 segundos. En aquella grabación, Brian amenazaba explícitamente con que Nicole se arrepentiría de haberlo echado y afirmaba que ella podría quedarse con la casa exactamente en las condiciones en que él la dejara.

Con el mensaje de voz y las pruebas fotográficas en su poder, el padre de Nicole declaró ante el juez sobre las amenazas de Brian y su fallido intento de sobornarlo para que mintiera acerca de quién era el propietario del espejo. El juez rechazó rápidamente las solicitudes de reducción de las obligaciones económicas de Brian e incorporó los daños que había causado al reparto definitivo de los bienes. Más tarde, Brian intentó restar importancia a sus actos calificando el espejo de insignificante, pero el padre de Nicole le recordó con firmeza que aquel era precisamente el objeto que él sabía que jamás podría reemplazarse.

Unas semanas después, las tuberías quedaron reparadas, las paredes fueron arregladas y un especialista consiguió restaurar el marco de madera del antiguo espejo, colocándole un cristal nuevo. Nicole y su padre volvieron a colgarlo en el salón y lo ajustaron juntos hasta dejarlo perfectamente recto en la pared. De pie frente a su reflejo, Nicole comprendió que la verdadera victoria nunca había consistido en conservar la casa ni en ganar el acuerdo legal, sino en llegar a un punto de su vida en el que la crueldad de Brian ya no pudiera quebrantar su espíritu.