
En la oficina del colegio se habían reunido cinco hombres vestidos con uniformes militares, junto con Sally, la madre de Sam, y el señor Dunn. Sally explicó que había contactado con antiguos compañeros del padre de Sam, un general fallecido, para contarles lo que Leo había hecho durante aquella excursión.
El teniente Carlson y el capitán Reynolds anunciaron la creación de un fondo de becas educativas a nombre de Leo, destinado a cubrir futuros gastos universitarios. Después, el capitán Reynolds le entregó una insignia militar y se la colocó directamente en el hombro como reconocimiento por su actuación durante la caminata.

Al terminar la reunión, Leo se encontró con Sam en el pasillo del colegio. Los dos amigos volvieron a saludarse con enorme cariño antes de salir juntos del edificio.
Aquella misma noche, ya en casa, la insignia militar quedó colocada sobre el escritorio de Leo, en su habitación juvenil, junto a sus materiales escolares.