Si algo nos enseñó la primera mitad de la década de 2010, es que el verdadero compromiso con un estilo personal no conoce límites, y mucho menos fronteras geográficas. Un claro ejemplo fue Courtney Stodden dando un tranquilo paseo por una playa de arena, ignorando por completo las normas habituales de la costa —y hasta las leyes básicas de la física— al llevar unos altísimos zapatos de plataforma transparentes de metacrilato. Mientras el resto de nosotros optamos por chanclas, sandalias cómodas o simplemente caminamos descalzos para evitar una caída, Courtney decidió que la orilla del mar era simplemente una extensión de su propia pasarela. Hay que reconocer la absoluta y desmedida dedicación al glamour.

Vestida con un bikini de rayas rosas y grises de colores intensos, Courtney adoptó por completo la energía de una auténtica “Barbie de Malibu” para pasar el día junto al agua. Y no estaba sola en aquella salida tan llamativa; su entonces esposo, el actor Doug Hutchison —34 años mayor que ella—, estaba a su lado y parecía disfrutar enormemente de todo el espectáculo. Pero seamos sinceros por un momento: todas las miradas estaban puestas en aquellas enormes plataformas transparentes. Caminar sobre arena suelta con zapatos planos ya es bastante complicado, pero avanzar con seguridad por las dunas usando unas plataformas de más de quince centímetros requiere un equilibrio y una fuerza dignos de una gimnasta olímpica experimentada.

Precisamente lo absurdo de aquel momento es lo que hizo que terminara ocupando un lugar permanente en la historia de la cultura pop. Hay algo fascinante en observar a alguien desafiar de frente a la gravedad, la seguridad práctica y el sentido común para decir: “No, gracias, tengo una imagen que mantener”. La mayoría de las personas lleva a la playa una toalla, protector solar y quizá alguna revista para entretenerse. Courtney llevó dramatismo, plataformas de acrílico transparente y una determinación inquebrantable de no ser vista, bajo ninguna circunstancia, con un aspecto demasiado cómodo o informal.
Más allá de aquella sorprendente sesión de fotos, la salida dio lugar a numerosos momentos clásicos de la prensa sensacionalista mientras la pareja disfrutaba del sol y protagonizaba varias muestras públicas de afecto a lo largo de la costa. Fue extravagante, extraño e indudablemente memorable. En aquella época, tanto si los adorabas como si no los soportabas, era imposible apartar la mirada de semejante espectáculo. En una era en la que el estilo callejero de las celebridades suele estar cuidadosamente diseñado por equipos de estilistas que intentan hacer que las estrellas parezcan “cercanas”, aquello era pura energía caótica y sin filtros.

En definitiva, aquel día de playa de Courtney sigue siendo un recordatorio legendario de que debemos ser fieles a nuestro propio estilo de una manera radical y sin disculpas, sin importar lo poco práctico que pueda resultar el terreno. La vida es corta y, de todos modos, la arena termina metiéndose en todas partes, así que ¿por qué no enfrentarse a los elementos con unos zapatos que también parecen un desafío físico? La próxima vez que estés a punto de descartar un atuendo extravagante por culpa del lugar al que vas, pregúntate: ¿Qué harían Courtney y sus plataformas de lucita? Eleva tus estándares, contiene la respiración y avanza con confianza por la arena.