Todas las enfermeras que cuidaban a un hombre que llevaba más de un año en coma comenzaron a quedarse embarazadas una por una; pero cuando el jefe de médicos colocó una cámara oculta en la habitación para descubrir la verdad, vio algo mucho más aterrador y llamó a la policía.

Cuando la primera enfermera del hospital anunció que estaba embarazada, nadie sospechó nada; la vida privada de las personas no es asunto del trabajo. Sin embargo, poco después, al difundirse que la segunda y la tercera enfermera también estaban esperando un bebé, los pasillos se llenaron de rumores. Lo más extraño era que ninguna de estas mujeres tenía pareja y todas evitaban hablar sobre quién era el padre de sus hijos. Solo había un punto en común: todas habían trabajado en turnos nocturnos recientes en la habitación 23B.

En esa habitación yacía un joven bombero en coma desde hacía más de un año. Su estado era estable, pero su conciencia estaba completamente ausente. El director médico decidió investigar si este fenómeno, médicamente imposible, tenía alguna relación con el paciente. Los análisis confirmaron que el hombre seguía completamente inconsciente, por lo que los embarazos de las enfermeras no podían estar relacionados directamente con él. Sin embargo, estaba claro que ellas ocultaban algo.

Decidido a descubrir la verdad, el director instaló una cámara oculta en la habitación 23B sin avisar a nadie. Las cámaras del pasillo no bastaban; quería ver lo que ocurría dentro de esos cuatro muros durante las noches, cuando las luces se apagaban. Días después, al revisar las grabaciones, quedó horrorizado y temblando, llamando inmediatamente a la policía.

En las imágenes se veía que el hermano del paciente entraba cada noche en la habitación. A simple vista, parecía un “hermano preocupado y devoto”, pero en cuanto se cerraban las puertas, se transformaba. Sabiendo que no había cámaras, manipulaba a las enfermeras de turno, prometiéndoles matrimonio y estableciendo relaciones clandestinas. Les decía a cada una que eran especiales y, una vez que quedaban embarazadas, las abandonaba sin remordimientos.

Lo más macabro era que todo esto sucedía justo al lado de su hermano, completamente indefenso, que escuchaba todo sin poder reaccionar. Gracias a la denuncia del director, el hombre fue arrestado ese mismo día. Después de este escándalo, la habitación 23B nunca volvió a quedarse sin cámaras, y este caso quedó registrado como una dura lección sobre cuán oscuro puede ser el corazón humano.

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