En el 50.º aniversario de su boda, una viuda que se embarcó en un crucero en solitario a bordo del mismo barco que había capitaneado su difunto esposo, el capitán Martin, recibió un paquete grande que había sido confiado al oficial Thomas. Dentro de la caja encontró un mapa del mundo incompleto, lleno de anotaciones manuscritas, y una carta sellada. En ella se explicaba que dos escalas concretas del itinerario habían sido elegidas deliberadamente, pues Martin había dejado objetos en esos lugares para que ella los encontrara durante sus visitas a tierra.

En el primer puerto, la narradora visitó una cafetería del paseo marítimo, comparó una fotografía que llevaba en el bolso con el paisaje que la rodeaba y se sentó en una mesa con vistas al puerto. En la segunda escala, se acercó a un puesto de recuerdos junto al muelle, atendido por una artesana llamada Elena. Esta le entregó un pequeño sobre que contenía una fotografía original impresa de su primer baile como recién casados, junto con una carta escrita a mano.
Al regresar a su camarote, la narradora sacó del paquete un vestido de noche de un intenso color azul oscuro y se lo puso para asistir al baile nocturno en el salón principal del barco. Allí, el oficial Thomas y un joven miembro de la tripulación se acercaron a ella por turnos para invitarla a bailar, en homenaje a la labor del capitán Martin como mentor.
De vuelta en su habitación, la narradora colocó sobre la cama, junto a su fotografía de boda, un pequeño recuerdo de cristal con forma de faro que acababa de comprar. Después, tomó un bolígrafo y marcó en el mapa el destino que ella misma había elegido para sus futuros viajes.

El mapa y el pequeño faro de cristal permanecieron sobre la cama mientras la narradora comenzaba a decidir cuáles serían sus próximos destinos y a planificar las aventuras que aún le esperaban.