Un hombre apoyó sus apestosos pies en el reposabrazos de una mujer durante un vuelo y se negó a quitarlos. Ella no montó ningún escándalo, pero la pequeña lección que le dio hizo que se pusiera rojo de vergüenza

Durante un largo vuelo, una mujer llamada Rebecca le pidió amablemente al pasajero que iba sentado detrás de ella que retirara su pie descalzo del reposabrazos. Sin embargo, el hombre se negó en rotundo y le exigió de malas maneras que dejara que sus pies «respiraran». Cuando se quedó dormido, Rebecca sacó de su equipaje de mano un set de maquillaje con diseño de Barbie —un regalo para su hija Megan— que contenía seis frasquitos de esmalte de uñas rosa y anillos de plástico con piedras de juguete. Con la ayuda de su compañera de asiento, pintó las uñas de los pies del hombre en distintos tonos de rosa y le colocó en dos dedos unos anillos de plástico con enormes piedras de colores.

Cuando el hombre se despertó más tarde para ir al baño del avión, los demás pasajeros se fijaron en sus pies con las uñas pintadas de colores y los anillos brillantes, lo que desató una carcajada generalizada en toda la cabina. Furioso, se encaró con Rebecca e intentó quitarse frenéticamente los anillos de plástico de los dedos, antes de regresar a su asiento, completamente avergonzado, y permanecer allí durante el resto del vuelo.

A la mañana siguiente, Rebecca se presentó en la sede de su empresa con un elegante traje de chaqueta azul marino para asumir su nuevo puesto como directora regional. Frente a la sala de conferencias principal, escuchó por casualidad cómo aquel mismo pasajero del avión, un empleado llamado Bradley, presumía ante sus compañeros del incidente ocurrido durante el vuelo y alardeaba, al mismo tiempo, de su inminente ascenso.

Rebecca entró en la sala de conferencias, se presentó ante todo el equipo como la nueva directora regional y aprovechó la ocasión para hacer referencia, delante de todos los presentes, al encuentro que habían tenido durante el vuelo.

Al terminar la reunión, Bradley se acercó a ella y se disculpó con evidente vergüenza. Rebecca le dejó claro que, a partir de ese momento, las futuras decisiones sobre ascensos se tomarían exclusivamente en función del rendimiento profesional y del comportamiento adecuado en el entorno laboral.

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