Después de diecinueve años de matrimonio, Lisa notó algo extraño cuando su marido, Mark, regresó de su habitual viaje de pesca anual: una marca pálida con la forma de un anillo en el dedo anular de la mano izquierda. Lo más desconcertante era que Mark llevaba doce años sin ponerse una alianza debido a una antigua lesión. Cuando Lisa comprobó que el anillo original de su marido seguía guardado en el cajón de su dormitorio, decidió investigar más a fondo. En el portátil de Mark encontró una carpeta digital con vídeos y fotografías de una ceremonia de compromiso celebrada en un restaurante junto al puerto deportivo, en la que aparecía con una mujer llamada Claire. Lisa se puso en contacto con el lugar de trabajo de Claire y descubrió que esta creía que Mark era viudo y que su esposa había muerto hacía doce años. Lisa le envió entonces una fotografía de su aniversario de boda para demostrarle que seguía viva.

Lisa y Claire quedaron después en una cafetería, donde Claire le mostró cientos de mensajes, fotografías y dos anillos de boda de plata idénticos que habían comprado en una joyería local. Las pruebas dejaron al descubierto que Mark había mantenido la falsa identidad de un viudo durante los dos años que duró su relación con Claire. Además, los amigos de pesca de toda la vida de Mark confirmaron que él les había contado una historia completamente distinta: les había hecho creer que Lisa y él estaban separados y a punto de divorciarse.
Cuando Mark regresó a casa, Lisa lo esperaba con las fotografías y los mensajes impresos, extendidos sobre la mesa del comedor. Él no pudo negar ni la mentira sobre la supuesta muerte de su esposa ni la ceremonia simbólica que había celebrado con Claire, que carecía de validez legal. Lisa le ordenó que abandonara la vivienda, contrató a una abogada especializada en derecho de familia y reunió recibos, vídeos de la ceremonia y conversaciones para preparar la documentación financiera y legal necesaria.

Durante el proceso de divorcio, la casa que compartían fue vendida y los bienes se repartieron entre ambos. Meses después de que el divorcio quedara finalizado, Claire rechazó la petición de Mark de formalizar un matrimonio legal y le devolvió el anillo de plata. Sus amigos del grupo de pesca también cortaron definitivamente todo contacto con él cuando descubrieron la magnitud de sus engaños.
Mientras desempaquetaba sus pertenencias en su nuevo apartamento, Lisa encontró el antiguo joyero de madera que contenía el anillo de bodas original de Mark, aquel que él nunca había vuelto a ponerse. Poco después, aceptó asistir a un curso de arte junto con Claire. Ambas mujeres estaban dispuestas a dejar atrás aquella dolorosa experiencia y comenzar una nueva etapa de sus vidas, esta vez con independencia y sin las mentiras de Mark.